Antes que nada quiero pedir una disculpa a los lectores habituales de este lugar, que normalmente esperan la publicación de una opinión técnica, esta vez y porque lo amerita, esta es una publicación de indole muy personal. Hecha la aclaración, voy a lo que he escrito.
El 5 de Noviembre de 2011, a las 2:35 de la madrugada, un infarto agudo al miocardio me arrebató a quien fuera la persona que más influyó en lo que soy ahora, al menos en la parte positiva, el que me inculcó el hábito de la lectura, el que me inculcó a buscar siempre más de un punto de vista, quien fuera el mejor profesor y maestro que nunca tuve, que cuando fui su alumno lejos de otorgarme carta blanca me exigió más que a mis compañeros, que siempre, hasta en mis peores momentos dijo que se sentía orgulloso de quien yo era y en quien me había convertido, por él tomé el camino de la docencia, intentando ser como él un profesor que tocó vidas de maneras que solo un profesor con vocación podía, y generaciones de alumnos quienes siempre lo recordarán con cariño son testigos de ello.
Hoy día del profesor no quería que pasara desapercibido, era una fecha especial para el, su vida fue la docencia y empezó a morir cada día después que ya no pudo continuar dando clase, siempre tuvo una sonrisa y una palabra amable al que se acercara, brindaba su cariño y amor incondicional a quien se lo permitiera, sembró amigos como otros siembran rencor y discordia, y cuidó y procuró a su esposa hasta el día en que su último aliento dejó su cuerpo.
Hablo de mi abuelo, Manuel Méndez Rivera, a quien mañana no habrá estatua, escuela con su nombre o medalla magisterial, pero que tocó la vida de muchas generaciones, muchos niños que fueron gente de bien y que sin excepción reconocen como un enorme profesor, entre los que me incluyo, que tuve el enorme privilegio de haberlo conocido también así.
Aún no me repongo de su perdida, no creo nunca hacerlo, es el más grande agujero en mi corazón, y no hay nada más grande para mi que el enorme orgullo y privilegio de haberlo tenido a mi lado, y es algo que deseaba compartir con el mundo, que sepan que existió y que era un enorme ser humano. Solo espero con el tiempo lograr ser la mitad del hombre que el decía que yo era, que no será ni una fracción de lo que él era, y esperando sea suficiente para que donde quiera que esté, no se sienta decepcionado de mi. Gracias Abue, y Feliz Día del Maestro, nunca nadie mereció más ser felicitado este día que tú, te amo, ahora y siempre.
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